Un nuevo algoritmo cambiará el mundo

En estos últimos días existe un notable interés por dar explicación al Bosón de Higgs, la ciencia aplicada, la física para dar respuesta a la materia que nos rodea. El descubrimiento ha tenido lugar en el CERN donde trabajan cerca de 2000 personas a diario. Esa cifra de investigadores y su trabajo por la física me llevó a recordar cómo al otro lado del Atlántico trabajan cerca de 2000 físicos de partículas investigando otro campo de la materia muy distinto: los mercados.

Su cometido es analizar desde Wall Street las respuestas a los flujos de inversión y diseñar algoritmos que decidan millones de transacciones en nanosegundos para generar cambios, oscilaciones, movimientos en las bolsas en todo el mundo que al final de la jornada reporten grandes beneficios a sus compañías.

En el Nasdaq se realizan cerca de 100.000 transacciones por segundo. Hacer una inversión de 500.000 millones de dólares en un segundo, en un valor, podría generar reacciones en el mercado que imposibilitaran el objetivo final de conseguir los beneficios esperados. Utilizando un algoritmo podríamos diversificar en valores y tiempos la inversión y así, reiterar la operación hasta obtener la rentabilidad deseada, analizando todas las variables y todos los valores en todos los mercados posibles. En definitiva, un algoritmo matemático diseñado para jugar al póker y ganar siempre.

Hoy los algoritmos financieros suponen el 70% de la actividad de la bolsa en los Estados Unidos, una gran red que nada ni nadie controla. El pasado 18 de mayo de 2012 algo sucedió con la salida a bolsa de Facebook; a numerosos problemas en sus cotizaciones se unió un silencio de cerca de 17 segundos en el Nasdaq donde el sistema sufrió numerosas disfunciones que aún hoy no han sido resueltas.

El 26 de mayo de 2010 a las 14:45 horas de Nueva York se produjo un crash de la bolsa que hizo caer el índice Dow Jones en 900 puntos, un 9% aproximadamente. Unos pocos minutos después se recuperó pero aquella tarde algo ocurrió: llegó a denominarse el Flash Crash de 2010. Aún hoy muchos ignoran lo que sucedió. La realidad es que nadie tenía el control de la situación y en 9 minutos las decisiones algorítmicas provocaron la caída de la  bolsa a un ritmo de un punto por minuto.

Pensar cómo los ahorros y las vidas de millones de ciudadanos en el mundo dependen de miles de algoritmos financieros operando bajo reacciones a variables numéricas, genera un abismo entre la realidad de esas personas y la ficción de los mercados. Todo ello nos debería generar una reflexión intelectual y colectiva del sistema que realmente controla el bienestar de tanta gente en el mundo. ¿Quién controla los mercados? ¿Deberían regularse? ¿En cada país? ¿En el mundo?

¿Recortamos por aquí? ¿Recortamos por allí? ¿Cómo gestiona la hacienda pública el Gobierno de aquel país? ¿Las entidades financieras del otro son solventes? ¿Cuál es su deuda pública? ¿Cuál es su deuda privada? ¿Pero cómo influyen todos esos datos y todas las decisiones políticas en esos algoritmos?

Existen las llamadas agencias de calificación que marcan muchas de las variables sobre las que actúan esos algoritmos con intereses concretos, sobre monedas, países o instituciones, sin que nada ni nadie las regule. La realidad es que no hay economista ni gurú capaz de evaluar ni analizar el desarrollo de esta nueva realidad de los mercados, capaces de generar nuevas variables, y el camino sigue siendo la generación de más crisis, más pobreza y más caos.

Es necesaria una revisión en profundidad del funcionamiento de todo el sistema a nivel global. Quizás sería muy interesante evaluar los compromisos del 14 y 15 de noviembre del 2008 que se tomaron  en la Cumbre del G-20 de Washington y que hoy pocos recuerdan.

Hoy Europa necesitaría más que nunca un ejército de programadores que tome las riendas del control telemático sobre esos algoritmos. Es necesario un nuevo modelo global que ponga como prioridad a las personas y que les permita luchar por hacer realidad sus sueños.

Hoy más que nunca es necesario impulsar un nuevo algoritmo que erradique de la democracia representativa la demagogia, el populismo, el radicalismo ideológico y los políticos de plástico más pendientes de cambiar de principios como Marx (Groucho) y decir lo que marca la moda algorítmica, que de servir y explicar con responsabilidad a los ciudadanos los cambios reales que necesita el sistema en Europa y en el mundo.

Ha llegado el momento de diseñar un nuevo algoritmo que dé prioridad a la inteligencia global para cambiar el sistema económico, para cambiar la democracia representativa, para cambiar el mundo. Quizás el nuevo tenga muchos fallos, lo cierto es que el actual ya no vale.